¿Eres la mamá perfecta?

¿Eres la mamá perfecta?

¡Eres la mejor madre del mundo! Pero… ¿a veces se te olvida? ¿no te lo crees? Tranquila, no eres la única.

Te proponemos que te pares un segundo y preguntes a tu hijo qué es lo que más le gusta de ti y por qué te quiere tanto. Su respuesta te hará sentir genial porque, aunque no te lo creas, no eres la única mamá que se ve imperfecta cuando ¡no lo es! Además... ¿Te has dado cuenta que tu hijo reconoce tu olor entre el de muchas otras mujeres? Haz la prueba cuando estés con otras mamás o con tus amigas: ¡eres una entre un millón! 

Y es que muchas mamás cometemos el error (porque es un error) de compararnos constantemente con otras madres, de intentar ser lo que no somos o de minimizar nuestros puntos fuertes (¿conoces a alguien que prepare unas tortitas como las tuyas o que tenga tanta paciencia en los momentos de conflicto?). Y le damos demasiada importancia a las carencias: vale, no eres demasiado organizada o no aguantas más de dos minutos haciendo un puzle. Pero, ¿de verdad eso es tan grave?

Quizá lo hacemos llevadas por la idea (falsa e imposible) de que una madre debe ser una persona perfecta y cubrir todo el espectro de virtudes humanas, incluso las que nunca hemos tenido.

Recuerda también que Somos como somos, en gran parte, gracias a nuestras madres.  Ellas son las que más han influido en nuestras vidas: en cómo vivimos, cómo percibimos el mundo y cómo nos vemos a nosotras mismas. Ninguna madre es perfecta (y las relaciones entre madre e hija a menudo están llenas de conflictos y tormentas), pero el amor entre una madre y sus hijos sí que es perfecto y permanece, siempre, imperturbable.